lunes, 29 de marzo de 2010

¿Y si Dios fuera mujer?



¿Y si Dios fuera mujer?

pregunta juan sin inmutarse
vaya vaya si dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas

tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce
su pubis no de piedra
sus pechos no de mármol
sus labios no de yeso

si dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos sida o pánico
nos contagiaría su inmortalidad

si dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno
con sus brazos no cerrados
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles

ay dios mío dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería
qué venturosa espléndida imposible
prodigiosa blasfemia



Mario Benedetti

jueves, 21 de enero de 2010

Oración para ir al cielo con los burritos

Cuando tenga que ir hacia Ti,
¡oh, Dios mío!,
Haz que reine un día
de fiesta
en el campo.

Yo querría,
como lo hice aquí abajo,
elegir un camino de mi gusto
para ir al Paraíso,
donde las estrellas brillan
en pleno día.
Andaré con mi bastón
por la gran carretera
y les diré a los asnos,
mis amigos:
—Yo soy Francis Jammes
y voy al Paraíso,
porque no hay Infierno
en el país del Buen Dios.
Y les díré:
—Venid, mansos amigos del cielo azul,
pobres bestias queridas,
que con un brusco sacudón de orejas
se espantan de vulgares moscas,
los golpes y las abejas…

Que yo aparezca ante Ti
rodeado de estos animales
que amo tanto,
porque inclinan la cabeza
suavemente y se detienen
juntando sus patitas
con tanta mansedumbre,
que dan lástima.

Llegaré seguido
por millares de orejas,
seguido por aquellos que llevaron
cestas en sus flancos,
por aquellos que tiraron
de carruajes de saltimbanquis,
o carros con latas y plumeros,
por aquellos que cargan
en sus lomos vasijas abolladas,
y por burras
plenas como odres,
de paso tembloroso,
por aquellos cubiertos
con pantaloncitos para protegerlos
de las heridas azules y supurantes
que les causan los tercos moscardones
que los siguen en ronda.

Dios mío,
haz que me acerque a Ti
con los burritos.
Haz que los ángeles
nos conduzcan en paz
hacia frondosos arroyuelos
donde tiemblan cerezas lisas
como la piel sonriente
de las muchachas,
y haz que,
en ese recreo de las almas,
inclinado sobre tus aguas divinas,
yo me parezca a los burritos
que contemplarán su pobreza humilde
y suave en la limpidez
del amor eterno.



Francis Jammes. Oración para ir al cielo con los burritos. Ilustraciones de Jacqueline Duheme. Trad. María Elena Walsh. Hyspamérica (Veo-Veo. Mi primera biblioteca) Madrid. 1986.

viernes, 15 de enero de 2010

  • Nombre Masculino de origen Hebreo. "El que forjó su propia lanza".

Análisis por numerología del nombre Caín.

  • Naturaleza Emotiva:
    Naturaleza emotiva, amable y condescendiente. Suave, cordial, sagaz. Ama la armonía de las formas y los métodos persuasivos. Le gusta sentirse alabado.

    Naturaleza Expresiva:
    Insistente. Se expresa en la independencia de acción y en la originalidad de conceptos. Ama los modales distinguidos, la ropa de calidad, todo lo que tiene valor.

    Talento Natural:
    Es mente de pensamiento amoldable. Se expresa como pensador liberal y fácil de congeniar, muestra facilidad para dar forma grata a las creaciones de una imaginación siempre fecunda. Recibe aumento en las empresas que requieren de gusto artístico, destreza en la coordinación y ejecución y cierto humor e idealismo en el logro de los resultados. Ama las cosas del amor, del honor y de la familia.
    Podría destacar en profesiones como orador, escritor, actor, pintor, músico, humorista, hostelero, comediante, estilista o comerciante.


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Entiendo hasta cierto punto cómo es que la deferencia negativa hacia el nombre de Caín surge a lo largo de los siglos. Partiendo de su origen bíblico, es indiscutible que la concepción que se tiene de tal nombre y su portador pasan a ser menos que aceptadas.

Con todo, el nombre (tanto su significado como lo que otras opiniones nos pueden ofrecer) me parece rescatable, fuerte y guiado más por la educación que se le da a quien lo lleva que por la literatura, historia bíblica y el folklore puedan anunciar.

En lo personal, el nombre me encanta (pese a lo que digan los demás) y no me dejo llevar por lo que digan los demás.

martes, 29 de diciembre de 2009

Un Beso de Amor


¿Cómo es un beso de amor?

Ya no lo recuerdo… han pasado tantos días y tantas noches desde la última vez que sentí sobre mis labios, sobre mi piel, ese beso de amor que me derretía el cuerpo y me ablandaba las piernas.

Las horas de los días se han ido desgranando en lágrimas de añoranza… ¡qué tan enfermizo puede ser el añorar ese beso de amor que una vez perteneció a mí!

Tan sólo quisiera recordar esa deliciosa sensación; la dulzura que poco a poco se transforma en pasión, las caricias sutiles y delicadas que trasmiten, no obstante, el ardor de quien realmente ama. ¡Un beso de amor! Los minutos convertidos en segundos y las horas en instantes que corren y galopan sin detenerse jamás, que perduran en el recuerdo y que te llevan a sentir nuevamente, con tan sólo cerrar los ojos y visualizar, cómo ese instante lo era todo… lo único.

Un beso de amor, el llanto en tus ojos sin que tenga que brotar, la risa en tus labios sin que tenga que sonar. Estás más ocupado en sentir, en amar.

Una escena en mi mente, un recuerdo lejano de un amor más lejano aún. Cierro los ojos y los detalles surgen lentamente pero no las sensaciones; puedo ver ese beso en mi mente mas ya no puedo sentirlo… trato de rememorar la dulzura y suavidad que me invadió en ese momento, trato de alterar mis sentidos de la misma manera en que tú los alteraste con tu beso de amor. Cuando tú me amabas.

¡Y no puedo! Ya no puedo… y me quedo tan sólo con la añoranza sin disfrutar nunca más del recuerdo.

jueves, 10 de diciembre de 2009

El amor de madre...





“Porque al besar la madre a un hijo amado, besa a un tiempo al amor de que ha nacido”

Ramón de Campoamor





“ …Ya que toda mujer -porque Dios así lo ha querido- dentro del corazón lleva un hijo dormido.”

Martínez Sierra

viernes, 6 de noviembre de 2009

Alma esclava…

Disculpa la hora…
No es mi intención invadir tus sueños,
Pero debo decirte que hay una mujer,
Que precisa tu presencia.


Ella espera volver a ver tus ojos,
Volver a oír tu voz,
Por favor no te alteres!


Ella sabe que en tus ojos no encenderá chispas,
Sabe que esa voz no le murmurara terciopelos
Y sabe que tu presencia no le será total…

Pero… si pudieses ver dentro de ella!


No espera que la entiendas,
Pues ella misma no puede,
Lucha tanto contra esto!…
Tantos años!...

Con la verdad de frente…
No se explica este suceso!
Te hecha tanto de menos!


Su amistad persigues y se pregunta…
Que de ella necesitas?
Que cambio?
Si hasta hace unos meses no existía para ti,

Porque de repente demandas su presencia?


Egoísta es tu deseo,
Pues sabes que al mirarla!
Encontraras reprimidos miles de abrazos,
Incontables besos,
E infinidad de versos…


De su cuerpo y su alma teme te adueñaste
Pide a gritos los devuelvas!
Son las dos de la mañana,
Pobre alma derrotada,
Pobre ingenua!

Quizo huir!…

Tus palabras…
El insomnio,
La madrugada…


Finalmente te describo su temor,
Teme ignores estas letras,
Teme tanto tu apatía!
Teme tanto una respuesta seca,
Vacía… y sobre todo tardía!


Esta alma confundida,
Cree tener derecho a entrar en tus sueños…
Pues… no dejado de pensar en la noche en que consumo su condena.


En esa boca,
En ese beso,
En esos labios…
Y en esa calida mano que invadió su rostro….


Esta ultima confesión te pido leas!
Esa alma atormentada!
Esa alma sollozante,
Esa alma poseída…es ella quien te escribe!
Y que triste! Cobarde y humillante me resulta!

Excusarme en un tercero…


Pero aunque lo niego,
Con todo y lo que te quiero,
No puedo evitar vibrar al recordar que…
Fuiste mío por un momento!
Solo yo y tu!
Tu mismo te expresaste!


Mi ilusión…

Mi tonta ilusión!
No se entiende con la razón…
Quien crees que domina a la razón?
Tonta ilusión! Tonta que me anima a creer!

Pobre lírica sin final feliz…


Son las dos de la mañana…
Ya no te interrumpo, ya no te desvelo,
Pues para mí un tesoro son tus sueños,
Ojala que por lo menos hoy
Puedas encontrarme en ellos.


Vuelve, descansa…
Y como cada noche…
Sin que lo sepas,
Sin que lo imagines,
Con la luna como espectador…


Besare tu frente,
Besare tus labios,
Besare tu cuello,
Besare tu oído…
Con el mejor de mis besos…
Donde quiera que estés…



Fiusha (Emma Reyes)

domingo, 16 de agosto de 2009

La Representación social tras un cuento de hadas: un vuelco a la cotidianeidad actual. Consideraciones propias del amor.

Por Claudia Thalía Hernández Arredondo.


Ella se acerca lentamente con su bello vestido, ahí enfrente le espera su adorado príncipe con el ansia de poder, ¡por fin!, estrecharle entre sus brazos. Lentamente bailan al compás de un bello vals mientras sus labios se acercan para finalmente fundirse en un beso… y entonces suena la campana que indica la salida de la escuela. La jovencita toma sus cosas y se dirige de nuevo a su vida cotidiana lejos de los salones y los príncipes que su imaginación recrea.


Sin duda, en algún momento de nuestras vidas, las mujeres pasamos por algo similar. Aún en pleno siglo XIX la fantasía de encontrar al hombre perfecto, ese príncipe azul que nos rescate de lo cotidiano y del mundo en general, sigue presente; claro, a lo largo del tiempo el príncipe se ha moteado de diversos colores cambiando esa representación inicial que se tenía del amor, el noviazgo, el matrimonio, etc. Los movimientos de equidad de género, la liberación sexual, el bombardeo publicitario que incita a la compra del placer, entre otros, han sido perfectos detonadores para esta revolución amorosa de hoy en día: cuando antes el amor cortés aparentemente era la regla, ahora nos podemos encontrar un vertiginoso encuentro de un solo día, relaciones abiertas, free, noviazgos de toda una vida y muchas más opciones más.

¿Cómo es que la cotidianeidad de las relaciones “amorosas” -y digo amorosas entre comillas porque actualmente no es requisito indispensable una afectividad tal, puede bastar tan sólo la mera química de un encuentro y la física de la atracción para que surja una relación- se ha transformado?


¿Demostración común del Amor?

Claro que este tipo de relaciones ya estaban presentes desde mucho antes, con la diferencia de que no eran aceptadas por el mundo social y muchas veces se mantenían tras el velo del secreto; no es sino hasta la década de los sesentas cuando comienzan a tocar lo cotidiano y se formula una nueva representación de lo que debe ser el amor y la relación de pareja.

En rápido recuento, nos damos cuenta que una representación de amor ha estado presente desde siempre a lo largo del tiempo, si bien el concepto es de creación más reciente. Más aún, las manifestaciones de este amor han ido variado. La cultura griega reservaba el amor romántico para las relaciones entre hombres y muchachos, dejando a la mujer el mero papel de la procreación; en el amor cortesano del siglo XII, del cual vienen nuestras ideas acerca del romance, el amor entre el hombre y la mujer estaba formalmente dividido del matrimonio y rara vez se daba un contacto real con el ser amado. No fue sino hasta el siglo XIX que los victorianos tuvieron una visión del matrimonio basada en ideales románticos, en donde el placer del sexo era vetado del papel femenino. Hasta antes de ese momento las sociedades tradicionales consideraban los sentimientos de amor espontáneos individuales como base sólida para las relaciones duraderas entre un hombre y una mujer.

Con todo, ese núcleo esencial del amor se ha mantenido en cierta forma intacto; acaso será que únicamente sus manifestaciones son las que se han transformado.

Aún hoy en día seguimos creyendo en el enamoramiento como ese cosquilleo o mariposas en el estómago cada vez que se presenta la persona amada, la exaltación de los sentidos cuando estamos junto a él o ella –me abstengo de explicar la complicada biología del amor, que no hace más que complementarse y contradecirse con esa presencia social del mismo; es que, en verdad, intenten aceptar que aquello que sienten es parte de un coctail de químicos orgánicos­–, incluso canciones, poemas, telenovelas y películas dan pie a la pertenencia mutua, la complementariedad, la media naranja, la supremacía del amor por sobre todos los problemas.

En efecto, esta es la creencia colectiva del amor, la REPRESENTACIÓN SOCIAL del amor. Eso sí, es un amor que actualmente no se separa del sexo, que significa una entrega corporal al ser amado por ese simple hecho… es amado, sin descartar las veces en que el “acostón” tiene que ver con un amor decepcionante o burlado, incluso en esas ocasiones la afectividad depositada en el “amado” se mantiene presente; bueno, al menos eso es en el caso de las mujeres.

¡Adelante chicas, digan que no es cierto! Pero la realidad es esta: normalmente, o mejor dicho cotidianamente, la representación que tenemos de lo que es el amor nos impide ir y tener contacto sexual genital con alguien que no sea nuestra pareja, en cambio con ella cedemos al impulso y el deseo… sexo con amor, o cotidianamente dicho, hacen el amor.

Desde el otro extremo: con la liberación femenina las mujeres exhortaron también a una liberación sexual ganando con ello la libertad de mantener relaciones sexuales fuera de la institución del matrimonio e incluso fuera de una relación amorosa. Sin embargo, aun ahora prevalece el secreto deseo de que nuevamente suene el teléfono, que nos digan que jamás con otra chica había sentido lo mismo, de flores y amor. Es todo, una vez más la representación social del amor se manifiesta en nuestra cotidianeidad.


Cotidianeidad y Representación social del Amor.

No olvidemos que por lo cotidiano se está entendiendo todos los hechos naturales e inmediatos, actos no pensados en los que, sin embargo, se refleja nuestra ideología y por lo tanto no es reflexiva. La vida en la que nos desenvolvemos a diario. Pampliega de Quiroga nos diría que “podemos definir la cotidianeidad como el espacio y el tiempo en que se manifiestan, en forma inmediata, las relaciones que los hombres establecen entre sí y con la naturaleza función de sus necesidades…” (Pampliega de Quiroga, 1985:12). Así pues, el sentirse afectivamente sostenido, sentir el amor de otros, es una necesidad humana y es un agente sociabilizador en tanto estable relaciones.

Desde esto último encontramos que la representación social del amor es una construcción cultural que nace en la cotidianidad de manera individual, grupal y colectiva. Los medios de comunicación, a través de las telenovelas, las canciones, la literatura, etc. influyen en la forma como hombres y mujeres concebimos y vivimos el amor. Aluden al sentido común, lo que cree la gente y cómo valora el amor, a partir de la experiencia cotidiana. Eso es ni más ni menos la representación social del amor.

Aquella imagen mental del objeto, del amor, da paso a la conducta de las personas; se guiarán por esos referentes culturales que le han proporcionado su historia y la sociedad que les rodea pues, recordemos que, tanto el campo de representación, entendiéndolo como la forma en que organizamos la información previa que ya tenemos sobre un tema, como el nivel de información, varían de un sujeto a otro aún en el interior de un mismo grupo, en función de un contexto específico (Herzlich). Es de recordar que los individuos de una sociedad dada tienen un mismo recorte histórico-cultural y esto impacta en su cotidianeidad de manera específica. Es esa especificidad del contexto la que guía la actitud de la gente al hablar o actuar en torno al amor.

Así pues, independientemente de cómo manifestemos ese amor que nos mueve podemos estar seguros que tras de éste se encuentra toda una historia social de la idea. Es posible transformar esa cotidianeidad y romper con esas representaciones formulando otras nuevas, no lo dudo. Sin embargo, la misma necesidad del hombre a permanecer en constante vínculo y en la búsqueda del afecto y aceptación de otros, creo yo, ha de encaminarnos mayormente a esa concepción hasta cierto punto romántica del amor, pese a los disfraces de modernidad y vanguardia que existen ahora. Estoy segura que aún en los clubes swingers podemos encontrar indicios de estas representaciones con las que nos desenvolvemos en la cotidianeidad.


Bibliografía y Referencias electrónicas.

Herzlich, Claudine, “La representación social: sentido del concepto”, en: Introducción a la Psicología Social, Moscovici et. Al.

Pichon-Riviere, E. y Pampliega de Quiroga, A., “Psicología social y crítica de la vida cotidiana” en: Psicoanálisis de la vida cotidiana, Argentina, Ed. Nueva visión, 1985.

Ballén Guachetá, E., Las representaciones sociales del amor, sin fecha, disponible desde Google.com en: http://web.upaep.mx/Temporales/CONGRESOPSICOLOGIA_files/Memorias/M_CONFERENCIAS_ESPECIALES/LAS%20REPRESENTACIONES%20SOCIALES%20DEL%20AMOR.doc.